INMINENTE RELEVO EN LA SECRETARÍA DE LAS MUJERES.

La Senadora Guadalupe Chavira se perfila como un cuadro con experiencia y peso político para asumir la responsabilidad.
Punto de Vista
La renuncia de CITLALLI HERNÁNDEZ a la Secretaría de las Mujeres deja un espacio que va mucho más allá de un simple cambio administrativo.
Se trata de una de las dependencias más dinámicas del gobierno federal, donde su conducción exige a demás de conocimiento técnico, sensibilidad política y capacidad de articulación social.
En ese escenario, comienza a tomar fuerza el nombre de GUADALUPE CHAVIRA, pues, la Senadora se caracteriza por reinir un perfil que no pasa desapercibido.
Su trayectoria como diputada local, diputada federal y jefa delegacional en la ciudad de México, le ha permitido construir una visión integral del servicio público, combinando experiencia legislativa con operación territorial.
Por eso, en una Secretaría donde las políticas públicas deben aterrizar en la realidad cotidiana de las mujeres, la formación como la de LUPITA CHAVIRA resulta clave.
Pero hay un elemento adicional que la coloca en una posición relevante, su capacidad de conexión con distintos sectores sociales y de territorio, más hoy, en tiempos donde las agendas de género demandan resultados concretos y cercanía institucional, perfiles con ese equilibrio adquieren un peso específico.
La Secretaría de las Mujeres no es una oficina más. Es, quizá, uno de los espacios más sensibles y estratégicos del gobierno de CLAUDIA SHEINBAUM PARDO. De ahí que el relevo no pueda entenderse solo como continuidad, sino como una definición de rumbo.
Si el nombre de Guadalupe Chavira se concreta, el mensaje sería claro y preciso, apostar por experiencia, territorio y capacidad política en una de las agendas más exigentes del país y donde las mujeres de Sonora no quedarían excluidas ni con la mirada, se sabe de su cariño por éstas tierras y se nota que es genuino.
Rafael Zúñiga Mátuz es columnista desde 1999 y miembro del Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa.