#tabloideinformativo ETCHOJOA, ENTRE EL ORGULLO DE QUERER SER.

Punto de Vista
Durante más de seis décadas, Etchojoa quedó atrapado entre dos agrotitanes: al sur, Huatabampo, a apenas ocho kilómetros; al noreste, Navojoa, a 26 kilómetros que parecían eternos.
Hasta finales del siglo XX, esa cercanía no fortaleció la identidad; por el contrario, la diluyó. Entre las décadas de 1970 y 1980 no fueron pocos los etchojoenses que renegaron de su origen, me consta, y prefirieron decir que eran de Huatabampo o de Navojoa. En Mexicali, un connotado profesionista me lo confesó sin rodeos, jamás volvió a Etchojoa.
Fuera de Sonora era común escuchar que Etchojoa “no aparecía en el mapa”. Y ante esa invisibilidad, muchos optaron por refugiarse en el nombre de ciudades vecinas más reconocidas en la región del Mayo. No fue falta de amor. Fue una época que enseñó a ocultar el origen antes que defenderlo.
Huatabampo ofrecía empleo, escuelas secundarias y opciones de bachillerato. Navojoa, desde 1979, albergó la extensión de la Universidad de Sonora, mientras el ITSON consolidó su presencia regional dos años antes que la UNISON. Las oportunidades orbitaban fuera.
Durante años, Huatabampo se benefició de la mano de obra etchojoense. La poderosa Empacadora del Noroeste, de don Próspero Ibarra Ceballos; las granjas porcinas de don Rodolfo Ruíz y de la familia Otero, entre otras, recibieron diariamente trabajadores provenientes de Etchojoa con brazos y pies firmes, jornadas largas y poco reconocimiento.
Otros eligieron la ruta académica; salieron a formarse y sembraron raíces en Mexicali, Tijuana, Nogales, Agua Prieta, Los Cabos, Culiacán, Hermosillo, Chihuahua, Ciudad Obregón y Navojoa. Etchojoa quedó atrás… pero nunca del todo.
Durante décadas, el municipio fue proveedor de mano de obra y talento, pero no de oportunidades suficientes para retenerlos.
En el plano político, los cambios fueron constantes. Desde antes de don FRANCISCO MENDIVIL AUSTIN (1973-1976) y el profesor FRANCISCO MÁRQUEZ DURÁN (1976-1979); después el profesor BENJAMÍN RIVERA ROJO (1979-1982) y don REYNALDO IBARRA CAMPOY (1982-1985), quienes incluso ajustaron residencia en tiempos de coyuntura electoral.





Llegó entonces desde Bacame Nuevo el licenciado LEONEL ARGÜELLES MÉNDEZ (1985-1988), cercano a las simpatías de LUIS DONALDO COLOSIO MURRIETA; posteriormente el ingeniero PELAGIO FÉLIX ESPINOZA (1988-1991).
En los años noventa se movieron las piezas. Los días del PRI como fuerza hegemónica estaban contados. MANUEL “El Pajarito” BORBÓN PABLOS sería el último de los gobiernos consecutivos del tricolor, mientras comenzaba a sentirse la respiración de la Izquierda.
El PSUM, desde 1980, ya hacía presencia en las calles de la cabecera municipal y, más tarde, el PRD gobernó con OLEGARIO CARRILLO MEZA llegado desde Villa Juárez (1994-1997), JESÚS GUADALUPE MORALES VALENZUELA de Chucarit (1997-2000) y el ingeniero HERIBERTO GAXIOLA ZAMBRANO de la Cabecera (2000-2003).
En esa etapa del sol azteca, Villa Juárez logró convertirse en municipio libre y soberano, reconfigurando la geopolítica regional. Buaysiacobe, Sebampo y La Bocana asumieron nuevas dinámicas administrativas al convertirse en comisarías. Sin embargo, algo ocurrió, en 2003 el perredismo tambaleó y GREGORIO ONTAMUCHA VALENZUELA, con la maquinaria política impulsada primero en su candidatura y después desde el gobierno de EDUARDO BOURS CASTELO, recuperó para el PRI la alcaldía etchojoense.
Duró poco ese gusto. En 2006, por primera vez en la historia de Etchojoa, el Partido Acción Nacional ganó la presidencia municipal con el doctor JOSÉ SALVADOR VALENZUELA GUERRA. En 2009 el PRI la recuperó con JOSÉ GILBERTO ALMADA VÁLDEZ.
El PAN se resistía a perder el control político y, con CARLOS RENÉ ROCHÍN ESQUER en 2012, volvió a mandar desde Palacio Municipal. El PRI aprovechó las desbandadas panistas y el ingeniero UBALDO IBARRA LUGO reoxigenó al tricolor, ganando la presidencia en 2015.
Han pasado tres elecciones desde el último triunfo constitucional del PRI, y se advierte que la “caballada” del tricolor cada vez luce más flaca; el PAN, por igual, parece haberse diluido. En 2018 y 2021 JESÚS TADEO MENDIVIL VALENZUELA ganó en las urnas y, hoy, en 2024, ARTURO ROBLES HIGUERA está dejando huella con tinta indeleble en su caminar como presidente municipal de Etchojoa.
Después de este repaso histórico, cabe preguntarnos:
¿Exportamos personas y con ello identidad? ¿Normalizamos la idea de que para crecer había que irse?. Así fue
Pero hoy algo está cambiando.
El etchojoense comienza a mirar su tierra con orgullo. Defiende su origen, vuelve a sembrar con dignidad, impulsa empresas familiares y reafirma su pertenencia a un municipio fundado oficialmente en 1909, que durante demasiado tiempo caminó a la sombra de otros.
Villa Juárez buscó su propio destino y lo consiguió. Bacobampo alzó la voz en su momento. Bacame Nuevo intentó moverse… y perdió su oportunidad.
La nostalgia recuerda lo que se ocultó.
La crítica señala lo que se dejó de hacer.
Pero el presente exige una pregunta directa, incómoda y necesaria:
¿Quieres ser de Etchojoa? ¿Te sientes orgulloso de ser etchojoense?.
Hoy Etchojoa ya no se mira desde la sombra de nadie, se observa desde el cielo, y el cielo no tiene fronteras municipales.
Rafael Zúñiga Mátuz es columnista desde 1999 y miembro del Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa.
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